¿Ya aceptaste tu invitación VIP?

Recibí una invitación muy especial.  Por semanas, la fina invitación lacrada y escrita a mano languidecía en el mueble de la casa, como un susurro, una promesa.  Una sugerencia de una velada maravillosa. Era como una profecía de buen augurio.

Yo me resistía a ir, le daba vueltas. Había asuntos logísticos innegables. Parecía una locura.  Escondí el sobre que tenía mi nombre en letras de fina caligrafía. Por un tiempo se me olvidó.  Luego entre sueños y murmullos llegaba de nuevo, como predicción del viaje.

 Ya al final, parecía ultimátum en forma de enfermedad, atracones, mentiras y adicciones.

Sí, me refiero a la invitación del sobrepeso, a la compulsión.

Si has recibido esa carta en tu casa, tienes dos opciones: esconderla debajo de una montaña y ser feliz.  O abrir el sobre, y hacer de esa invitación tu guía en la aventura del crecimiento como ser humano.

Si decides la segunda alternativa, puedes caminar conmigo.   Tus ojos pronto se acostumbran a ver cosas que solo parecían un hoyo oscuro y profundo.  Tus sentidos se aguzarán y estarás muy atenta a leer señales.  Llevo varias vueltas recorridas y aprendí algunos atajos.   Los sonidos que al principio te asustan, se convierten en una rítmica sinfonía.  Tus pies pronto tendrán una soltura tal vez olvidada. Y tu voz… Tu voz se alzará sobre las dudas, permitiéndote hablar y pedir en voz alta lo que deseas.

La invitación, es como un boleto premiado de la lotería, que te llevará a reconocer la esencia de tu Alma. 

Aprenderás a abrazar las emociones y harás de tu mente tu aliada.  Tu cuerpo entonces, empezará a soltar lo que ya no necesita.  Tu vida se hará muy clara y reconocerás en tus talentos la gracia encarnada.   Te asombrarás con el ritmo de la vida.  Sabrás del alimento, más allá de la comida;  de la dulzura más allá del azúcar. Escaparás de la prisión de los secretos.

Descubrirás la amabilidad de ser discípula de ti misma. Podrás bailar con la incertidumbre y encontrarás en la transitoriedad de la vida, el garbo de la libertad. Te harás diestra en desenredar madejas de historias; entenderás el lenguaje del cuerpo.   Descifrarás entre sombras y susurros, el momento poderoso del “aquí y ahora”.

Te reconocerás fuerte, te asombrarás de lo simples que son las cosas.  Te bañarás de paz y serenidad. Agradecerás los antojos, y honrarás todos los apetitos en tu vida. Confiarás en tu intuición y sabrás de qué tienes hambre en realidad.  Serás más mujer que nunca.

Tus lágrimas serán de gratitud en lugar de vergüenza.

Recibí la invitación a los 19 años, con muchísimo miedo, sintiéndome sola, maldita y rota.  Tardé varios años en tomar valor para abrir el sobre.  Pero en cuanto me asomé para descifrar lo que estaba escrito, empezó la magia.  Ese síntoma, por muchas lunas lóbrego, se convirtió en mi boleto dorado de regreso a casa.

Si decides aceptar la invitación, te estaré esperando, al otro lado del umbral, con la antorcha de la verdad y con los brazos abiertos.

Bienvenida.