El Honor en Tiempos de Cólera

¿Te sientes furioso ante la última de la 4T? ¿La sangre te hierve, tienes náuseas en la boca del estómago, los puños blancos listos para golpear?

Bienvenido a mi vida.  Los tiempos de turbulencia económica, intolerancia política y mi tendencia hacia la depresión clínica, son los elementos para la tormenta perfecta. Como Highly Sensitive Person (HSP) y Empath, son momentos duros, porque percibo la ansiedad de todos. Soy una profesional pagada: sé qué hacer.

Crédito de fotografía: Austin Ban

Crédito de fotografía: Austin Ban

Es una práctica simple -que no siempre fácil-.  Retomar mi soberanía:  regresar a mi zona de responsabilidad.  La habilidad para responder.  Sin importar las circunstancias, es nuestra libertad última la actitud que tenemos.  Tal como escribió Viktor Frankl.

Ser una persona íntegra, no depende de ninguna institución gubernamental, educativa, ni privada.  Evito ser víctima.  Soy ecuánime para cultivar la calma, en mi y en otros.  Es una de las tantas ventajas que dan las canas: se llama madurez.   Igual que la condición física, la estamina emocional se construye en cada oportunidad.  ¡Y vaya que los funcionarios nos ponen buenos ejercicios!  

Dice Karla McLaren que la intención constructiva del enojo es actuar, poner límites.  Mis zonas de no tolerancia incluyen: evitar la catarsis en forma de memes en redes sociales, el sacrasmo público (me costó mucho trabajo), y pagar a tiempo mis impuestos. 

Cada vez que oigo a alguien decir que no paga impuestos porque “de que se lo robe el gobierno a que lo usen ellos”, en lugar de ojos, en mi cara aparecen dos grandes huevos cocidos:  #eyeroll. 

Yo pago impuestos, cuido mi dinero, atiendo mi fondo de ahorro para el retiro, genero fuentes de ingreso alternativas, porque siempre fue mi responsabilidad.  En realidad si lo pienso, es mi privilegio.  Afortunadamente, reinar en la cartera ahuyenta la psicosis colectiva.   No es por ganarme #karmapoints, ni por una relación de reciprocidad para un gobierno capaz (snort, snort).   Es por dignidad; por mis apellidos; por mi reputación.

El honor, queridos valientes, es un excelente catalizador de la cólera y magnífico repelente para la idiotez.