Lo que el desempleo me enseñó

Hace 3 años, un 21 de Junio, me despidieron de la empresa gris.

O dependiendo de quién escuches: yo decidí irme.  La realidad es que sentí un gran alivio, pues hacía ya varios meses que me sentía atrapada. No me gustaba el estilo de liderazgo, ni la situación, ni mi trabajo, ni muchos de los compañeros. De todos modos, me cayó por sorpresa.

Salvada la confusión inicial, y luego de un rush de actividades que yo solita elegí para distraerme, me vino una depresión.  Mi cuerpo estaba cansado, muy cansado.  Al grado que hubo días en que no tenía ni energía ni ganas para siquiera levantarme de la cama, mucho menos arreglarme o hacer algo.

Me negué a buscar trabajo u ocupación.  Primero me concentré en el coaching, en mi curso de Intuitive Eating.  Y luego, me sentí perdida.

Por más de 13 años, yo “sabía” quién era.  Product Manager de xyz.  Channel Account Manager de abc; Retail Sales Specialist de blablaba.  Ahora sin gafete, y sin una tarjeta de presentación, estaba perdida.

Me acuerdo perfecto que le dije a mi mamá: “Es que no sé quién soy. No soy NADA”.

Sooooopas Perico.

Mi mamá en su infinita sabiduría, me dijo, claro que eres, eres Jessica.

Se me vino el mundo encima, y me dediqué a desmenuzar mi identidad.  ¿Qué nos hace ser quien somos?  Me quedó clarísimo que el trabajo, no es lo único.  Hice una lista de las cosas que pensé formaban esa identidad: la relación con mi familia –hija, hermana, esposa-, mi relación con otras personas: amiga, maestra, coach.  Mi cuerpo… mis problemas, mis círculos recurrentes, mis compulsiones (mis, mis, mis….)

Y ahí de sopetón entendí. 

La identidad, el concepto que tenemos de nosotros es algo tan poderoso que define nuestras decisiones. 

Mi adorado Tony Robbins dice que trataremos a toda costa de mantener esa identidad, a través de nuestras acciones.

De ahí que se me cayó el cielo.  Había definido mi identidad en función de mi trabajo, y en función de mis problemas con el peso.  Ahora que no tenía trabajo, me costaba trabajo mantener esa identidad.

Del tema del peso, descubrí que si re-diseñaba mi identidad, podía entonces actuar en consecuencia para mantenerla.

Es muy diferente ser un gordo tratando de adelgazar.   A cambiar el chip y saber desde adentro del corazón que tu identidad es “Soy una persona saludable, con un exceso de peso TEMPORAL”.

WOOOOW!!

Ahí me cambió todo.   Yo no era mi trabajo.  Como tampoco era mis problemas con el peso. Yo era mucho más que eso.

Mi verdadera identidad: la libertad.  Yo soy libre.  Y desde esa libertad, empecé a construir mi vida.  Era libre, y me sentí libre sin tener un gafete como grillete.  O una tarjeta de presentación como única definición.

La libertad se fue colando a otras áreas de mi vida.  Aprendí que SOY JESSICA, que puedo tener X,Y trabajo, pero eso, ni me define como persona, y mucho menos define mi valor como ser humano.

Hace 3 años, junto con el cheque de liquidación, recibí la enorme oportunidad de construirme de nuevo. 

¿Quién quieres ser hoy?