Cuando fui "Biggest Loser" Mexicana

En el año 31 A.C (antes del Coaching), fui seleccionada para el concurso “Evolution Challenge” de Sports World. Al más puro estilo Biggest Loser mexicano.

Entrenador personal, nutriólogo, psicólogo, masajes, diseño de imagen, uniforme y la membresía gratis.  

Un Sueño que se convirtió en pesadilla. 

El primer día de entrenamiento, vomité por el esfuerzo del entrenamiento mixto.   No importó.  Estaba dispuesta a cumplir el reto, a empujarme y obligarme a lo que fuera necesario para bajar el porcentaje de grasa corporal.  Costara lo que costara

El concurso exigía entrenamiento presencial todos los días, moví mi rutina de viajes de oficina.  Puse en riesgo mis responsabilidades en la Gran Empresa Azul.

Los sábados, era día de actividad grupal.  Una ceremonia de pesaje, medidas y fotos.  Me daba muchísima pena posar en traje de baño negro, de frente y perfil, para que todos los socios de los clubes comparan mis cambios, semana con semana –que en mi caso, no eran muy visibles --.

Las semanas pasaban.  La báscula y yo estábamos en guerra encarnizada.   Yo vivía en la batalla contra mi propio cuerpo.

La competencia fue un catalizador de emociones intensas.  Se destapó lo peor de mi.   Ante mis ojos todos cambiaban, menos yo.  Las chavas se desvanecían y los chicos armaban musculatura en tiempo récord.

A mí me salieron ojeras, se me disparó el desajuste de la tiroides y me volví muy envidiosa.  Se agudizó el síntoma terrible de la comparación.  Comparaba mi cuerpo con otros, y lo juzgaba y pellizcaba porque no cambiaba a la velocidad que yo quería.   Me arrastraba todas las mañanas al gimnasio, enojada de “no poder” comer lo que yo quería.   La compulsión creció.   Comía a escondidas para después vomitar en un intento porque la báscula no reflejara los atracones.

La mesoterapia me sacó moretones.   La psicoterapia, me daba risa.

Hubo desmayos, mareos, mucho vómito y un esguince en el antebrazo.  Me sentí fracasada cuando veía a todos los demás, diluyendo tallas.

Se me olvidó que todo era una estrategia del club, para atraer más clientes.  Se me nubló la consciencia y me obsesioné por la báscula, por las medidas.

Mi cuerpo estaba estresado, y la cortisona hacía aún más difícil perder peso.

Vivía con rabia contra la organizadora del concurso, contra algunos competidores, contra mi misma.

Terminé, por supuesto que terminé.  Triste, agotada, sintiéndome otra vez,rota y maldita. 

Hoy, en el año 36 D.C. (después del coaching), tengo muy claro lo que pasó.  Yo no fallé.  La estrategia era la equivocada.

Hay personas que son prósperas en el gimnasio.  Y esa fue la estrategia adecuada (para ellos).  Perfecto.

Hay tantas estrategias efectivas, como personas en la vida.

No es mi caso.  Yo soy libre cuando corro, cuando toco los tambores y cuando bailo.   Yo no sigo las reglas, ni las dietas; yo disfruto cuestionando a la autoridad.

Los cambios para que sean duraderos, deben ser SUSTENTABLES, agradables. 

La motivación tiene mecha corta, y se acaba luego de unos días.  Las metas efímeras del número y la báscula, son solo superficiales.

La inspiración REAL, esa, que viene desde adentro, es la que mueve todas las mañanas.

No se trata de “quitar” cosas, sino de llenarse de vida.

No es tener "fuerza de voluntad", sino disfrutar tanto del camino, que andarlo, se convierte en el premio en sí mismo.

No es luchar EN CONTRA del cuerpo, es amarlo a tal grado, que moverlo y fortalecerlo es la cosa más amorosa que puedes hacer por Él (así, con mayúscula).

Los métodos masculinos de push, push, push, hard, hard, hard, funcionan solo en algunas cosas.  La estrategia femenina de reclamar tu poder absoluto es lo que me dio resultados.

Yo, sin dieta,  sin entrenador, y sin gimnasio,  me fui por la libre.

Hoy, tengo mejor condición física, un cuerpo más fuerte y una nutrición que me llena el alma.  Y sí, también soy dos tallas menos.  Divirtiéndome en el camino.  Con una estrategia sustentable para mi ritmo y estilo de vida.

Descubrí que el sabor de la victoria no está al final del camino, en un número en la báscula, en un porcentaje de grasa.

Me sorprendí con el crecimiento espiritual que se encuentra en las mañanas de intervalos.  En la comunión que existe cuando me conecto con mi cuerpo, y por una hora, estoy sola, conmigo; regalándome la alegría de presenciar el milagro de la maquinaria perfecta que es mi cuerpo. Embriagándome de endorfinas.

La victoria se puede experimentar todos los días.  El éxito duradero radica en la responsabilidad y la libertad, de elegir un camino distinto.

Todos los días hay gloria, cuando vences, no al de enfrente, sino al fantasma del “yo no puedo”.

La grandeza no está en hacer 100 push-ups; está en ese instante en que decides dejar de creer las mentiras que te has contado.  Y empiezas a creer en ti.  Ese día en el que aun con miedo, con todo el dolor y la vergüenza de intentos anteriores, te levantas y tienes una pizca de fe.  Cuando confías en que todo lo que necesitas ya lo tienes.  Solo es cuestión de recordar.

La gloria no está en la medalla.

La gloria está en tu compromiso con  tu libertad, con la vida misma.

#YoSoyLibre