Porqué engordar me hace mejor coach

He tenido 7 semanas donde se me presentó un visitante conocido: la compulsión.  Mi cuerpo ha pasado por una vorágine de cambios, que son menores a los que pasan por mi corazón.  Basta con decir que mi vida emocional es un huracán.

Para mi sorpresa, la ropa me sigue quedando.   La gente me sigue diciendo que me veo muy bien. Pero adentro de mi corazón, sé que hay algo.  Por situaciones de salud, cambié mi rutina de movimiento, por algo más gentil y ligero.  Mi ritmo de vida es más lento, y dejé de confiar en mi hambre.

Todo empezó en Playa del Carmen, de bocado en bocado, a colarse la compulsión de comer, en un intento de saciar hambres que no son físicas.   De a poco, la compulsión se invitó sola, muchos días en mi vida.

Comí por ansiedad. ¿Te sorprende?

Mi práctica de coaching tiene bases sólidas en recibir el mensaje sagrado del síntoma.  Les digo a mis alumnas, que la compulsión, el comer en exceso, por ansiedad, está ahí por alguna razón, para indicar un lugar al que poner atención.

El peso excesivo es una invitación, una puerta al autodescubrimiento que, si decides aceptar, te dará grandes lecciones y dulces logros.

Después de la negación me tocó pesarme en una consulta médica.  El aparatito me confirmó lo que yo sentía ya en el cuerpo: engordé.   Subí de peso.  Y no poquito.  Varios kilos, en exactamente, 18 días.

Y  sé exactamente porqué:

  1. Relevé a mi cuerpo de su trabajo de saber cuándo comer.  Esa chamba se la agencié a la mente.
  2. Caí en la trampa del todo-o-nada.  Si ya no estaba corriendo, y ya el medio maratón será para el 2014, pues qué caso tiene, una mordida más, un chocolate más, da lo mismo.
  3. Se me olvidó vivir en el presente.  Me fui como hilo de media, imaginando cosas del futuro, emocionada y angustiada.
  4. Evadí sentir las emociones.   Como novata, desconocí el poder de experimentar la incomodidad, y me refugié en el falso –y efímero- bienestar de la compulsión.
  5. Llegué a mi límite superior.  Justo después del maravilloso Retiro, lo más grande que he hecho hasta ahora, después de 8 semanas de preparación, y de adelgazar varias tallas, llegué a mi límite de tolerancia al bienestar.  Me dio miedo que mi vida fuera tan fácil y tan buena.  Me regresé corriendo a la batalla conocida.

Esta es la raíz de la compulsión: LA EVASIÓN de la incomodidad.  Todos estos sentimientos incómodos, son parte de la vida.  Son perlas en el collar de la experiencia completa de vivir.  No hay vida sin momentos de soledad, de confusión, de miedo, de éxtasis.

Algo que distingue a las personas con una relación saludable con la comida y el cuerpo, es la disposición para estar presente y procesar la vida sin anestesiarse de excesos de comida. Esa ha sido la prescripción que he seguido durante muchos meses,  con evidentes mejorías en mi vida integral.

Pero no siempre es fácil.  Y hace 7 semanas empecé a elegir distraerme, evadirme de la vida, fingir que no estaba ansiosa, pretender que no necesitaba más espacio.  Pero como me sucede siempre, evadir es solo posponer, y hacer que la emoción se haga más grande, y además, agregarle el componente físico del exceso de comida y por ende, de peso.

Elegí distraerme.  Y luego, elegí evadirme y no resolver

Esta es la razón por la que engordar me hace mejor coach: porqué sé lo fácil que es elegir la distracción sobre la presencia.  Y sé lo difícil que puede ser levantarse todos los días, una y otra vez y tener las agallas para estar presente, en lo más crudo y hermoso de la vida.

Me hace mejor coach y maestra porque me regresa a la compasión: por mí y por mis alumnos.  Me recuerda que esto es un camino que se practica una y otra y otra y otra vez.

En mi defensa tengo, que solo 3 kilos son suficiente señal para reconectar con mi vida.   Hubo años en que necesité 40kilos para tocar fondo.

Pero sean 3 ó 40, lo que tengo que reportar de mis viejas conductas: es que NO funcionan.

Me pasó como a los niños que empiezan a caminar y de pronto regresan a gatear, como para asegurarse que gatear ya no es tan divertido.  Las viejas conductas ya me quedan chicas, son obsoletas.

Sí, puede ser difícil y a veces doloroso sentir y estar presente.  A veces es abrumador estar presente ante tanta gratitud y buenas noticias.  Pero es mucho más doloroso evadirse.   Evadir no resuelve, solo pospone esa misma incomodidad.  Esquivar las molestias, solo posterga el enfrentamiento… y también la solución.

Me olvidé de ponerme atención.  De ser la prioridad UNO en mi vida.

El único camino que conozco para encontrar la paz y la libertad, es elegir el momento presente.  Es elegir esas emociones difíciles y darles la bienvenida.

Es estar presente ante la llamada de emergencia de la persona que más amo: YO.

La libertad la encuentro cuando confío en mis diferentes hambres de libertad.  Libertad de nutrición, libertad de descanso, libertad de autonomía.  

Hambre de la verdad.

Por eso hoy decidí escribir.  Elegí el camino de la verdad.     Tengo la certeza de que al reclamar mi lugar, al elegir la nutrición, no solo del cuerpo, sino también del alma, esos kilos se irán.

Hoy elijo regresar a mi incómoda y maravillosa vida.

#YoSoyLibre