Mi vida fácil

El ego pide dificultad...

“La vida es dura, difícil e injusta”.  “Nadie dijo que fuera fácil”.  Crecí escuchando estas frases, que  se transformaron en mi identidad.  Crecí resiliente, aprendí a sobreponerme al dolor (físico y emocional).   Cuando las cosas, efectivamente, se ponían duras, sabía que yo era superior a esas circunstancias.  Decenas de veces, me levanté ante los reveses de la vida.  Había un orgullo magnífico y poderoso,  en el hecho vencer las cosas difíciles.

Me gustan los retos.  También sé de la vanidad que puede surgir después de vencer obstáculos.  Mi autoestima recibía dosis de Vitamina P (Pedantería), con cada cabeza que le cortaba a la hidra.  Me ha sido de gran ayuda saber que la vida es difícil, que los laureles están para aquéllos que se sobreponen y que se ríen de la adversidad.

En esto de la adelgazada, me sirvió muchísimo saber que las cosas son difíciles, solo al principio.   Que con el tiempo se hacen más y más fáciles.   Saber que “si fuera fácil cualquiera lo haría”, me fue de gran ayuda en mis entrenos y primeras carreras.   Me sirvió la creencia, hasta que dejó de servirme.

Luego se me retorció la interpretación.

NOTA: OJO, no estoy diciendo que le eché la culpa a mis papás.  Pienso que ya soy grandecita para tener responsabilidad de mis creencias y decisiones.  Decir “es que mis papás”, me parece ahora una excusa lamentable.  Aquí no hay víctimas.

Dejé de apreciar mis talentos naturales, por creerlos “fáciles”.   Hubo momentos en que mi auto-aceptación dependía de mi última hazaña.  No había mucho orgullo en decir que las cosas habían sido fáciles.

El síntoma se agudizó cuando en mi aventura de adelgazar,  las cosas en verdad ya eran fáciles: era fácil detenerme dejando medio chocolate, disfrutar solo dos cucharadas de pastel, asombrarme ante la nueva realidad de “manzana-mata-galleta”.  Entonces perseguía la complicación, rebuscarle, buscarle tres pies al gato, o “chichis a las hormigas” como decía mi abuelita.    Empecé a darle vueltas al tema de “es que tengo miedo del éxito”, “tengo un problema de límites superiores”, etc, etc, y bla bla bla.

Como todo lo que hacemos en la vida, había una intención positiva.  Mi intención positiva era fortalecerme a través de los retos y sentir orgullo de vencer las cosas difíciles.   BINGOOO.

De pronto me caché, ¿qué tal si en realidad estoy poniendo las cosas difíciles cuando en realidad no lo son?  ¿Qué tal si estoy haciendo toda una telenovela solo para demostrar lo “difícil” que es, solo para salir avante y sentir orgullo después?

¿Qué pasaría si la vida fuera fácil? ¿Será que perdería el encanto?

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 TOUCHEEEEEEÉ!  Entonces como buena coach, me dediqué a re-encuadrar la creencia, a buscar evidencia de que también hay orgullo en las cosas “fáciles”.  ¿Acaso la maestría no se demuestra cuando, luego de tanta práctica y experiencia, las cosas son fáciles? ¿Qué tal si hacérsela fácil, tener el camino de menor resistencia, es la nueva ola de la creación? ¿Será que luchar innecesariamente es cosa del siglo pasado?

Dios me habla a través de los espectaculares, del Facebook y de los libros.  En el aeropuerto de Bogotá, se me apareció en forma de libro, con un anzuelo poderoso, que sabía irresistible: “La meditación: la primera y la última libertad, de Osho”.  ¡¡Claro!! Me enganchó con mi valor más grande de la vida, la libertad.

Hundí la nariz en mi nueva adquisición y entonces, la verdad me atacó, de golpe y porrazo, en la página 38:

“El ego siempre se interesa por las cosas difíciles, porque cuando algo es difícil hay un reto.  Si superas la dificultad, tu ego se siente satisfecho.  El ego nunca se siente atraído por cosas simples, ¡nunca!  Si quieres presentarle a tu ego un desafío tienes que idear algo complicado.  Si es simple, no hay atracción, porque no había nada que lograr; así de simple.  El ego pide dificultad –vallas que saltar, cumbres que conquistar, y cuando más difícil sea la cima más a gusto se sentirá.  Lo que atrae al ego no ayuda a tu crecimiento espiritual”.  Osho.

ÁAAAAAJALEEEE

Sé que adelgazar, la relación con el cuerpo y la comida, son solo invitaciones y puertas para un descubrimiento espiritual mayor.

Hay dulzura en la facilidad de las cosas, en el ritmo de las cosas minimalistas,  de la vida simple.  Lao Tzu, también escribe “El camino grandioso es Fácil, pero  la gente aún  prefiere salirse del camino.  Pon atención cuando las cosas estén fuera de balance.  Mantente conectado con el camino de la facilidad”.

Hoy elijo pensar que cuando la vida es difícil, es para mi crecimiento, o para recordar que tal vez, solo tal vez, me estoy complicando en balde, y se me está trepando el ego.

Elijo buscar la evidencia de que adelgazar, igual que la vida, puede ser dulce y fácil.

Hay maestría y libertad en la facilidad de la vida.

#YoSoyLibre