¿Porqué tenemos malos hábitos?

La semana pasada me lastimé la pierna entrenando.   El dolor me agarró a los 3Kms. Era agudo, localizado y molesto.   Fui un poco necia, volví a entrenar  y la cosa se puso peor.   Diclofenaco, Flanax, Iodex y vendas después, me dispongo a dejar que el cuerpo haga su trabajo: sanar.

Los “malos hábitos”, o síntomas indeseados, como comer en exceso, o los atracones, son como la venda en mi pierna.  Están ahí para cumplir un propósito, para hacer un trabajo.   Son como muletas que te permiten caminar en  la vida, hasta que hayas aprendido una mejor manera de manejar el estrés, la ansiedad y las emociones.

Hasta que el músculo de mi pierna esté recuperado, la venda será necesaria para caminar.    Lo mismo con los síntomas o hábitos poco efectivos.  Estarán ahí hasta que aprendas otras alternativas más efectivas y sin efectos colaterales.

Flagelarte y decir que te “falta fuerza de voluntad” es tan cruel, como patearle las muletas a alguien que trae el pie enyesado.

Las muletas las trae por algo. Es una ayuda momentánea y se va a recuperar.

Los hábitos poco efectivos dejarán de estar en tu vida cuando hayan cumplido su misión.  Cuando hayas aprendido la lección, se irán, ya no serán necesarios.  Serás fuerte de nuevo y habrás aprendido a lidiar con la vida, sin necesidad de comer.

Te lo aseguro.  Se puede caminar sin vendas ni muletas.  Cuando eres fuerte, cuando estás presente en la experiencia de la vida,  no necesitas nada más.

“Nada se va de nuestra vida, hasta que nos ha enseñado lo que necesitamos saber” – Pema Chödrön