Yo no creo en la disciplina

La disciplina no es el Santo Grial ni la fuente de la eterna juventud.  La disciplina, esa herramienta masculina de empujar, perseguir, controlar, claro que funciona.  Sirve para algunos, y a mí me ha servido para muchas áreas de mi vida.

Pero hay cosas que no se quiebran a punta de disciplinazos o fuerza de voluntad.  Hay un camino alterno, rebelde.  Un camino Libre.

Para empezar, veo a la disciplina como una forma de ser discípulos de nosotros mismos.  De nuestras lecciones recurrentes, de nuestros dolores inconclusos.  La disciplina es un camino, y no es el único.

Más allá del rigor y la lucha, existe un lugar exquisito que se llama DEVOCIÓN.

Un recurso femenino, sagrado, intuitivo y delicado.  Devoción es fidelidad, dedicación, lealtad, compasión y amor.    Devoción es atención, es cuidado, es cariño, es respeto absoluto y confianza máxima.

Mientras la disciplina motiva, la devoción inspira.

¿Quién serías tú, si en lugar de luchar con disciplina y agotar la “fuerza de voluntad”, te volcaras a tus causas con devoción absoluta?

Imagina ser devota de tu casa.  Ser fiel seguidora y devota de tu cuerpo.  Eso, si fueras devota de tu propio cuerpo, ¿qué serías capaz de hacer, por amor?  ¿Cómo sería tu vida, si la devoción por tu Ser reinara?  Y en lugar de exigir, golpear, luchar, quebrar,  ¿eligieras el camino de la fluidez femenina de la devoción?

No te confundas, ser devota no es ser frágil.  La devoción encuentra fuerza y pasión, tiempo y ritmo.

¿Así que quieres adelgazar?¿Más valor, más entusiasmo, más energía? Te invito a dirigir tu energía desde la devoción, en lugar de la disciplina.

Ser devota de mi cuerpo, de mi propio Ser, significa simplificar aún más.  Ayudarle al sistema a digerir la vida.

Menos culpas, más paz

Menos azúcar y más dulzura.

Menos rencores y más perdón

Menos dietas, más libertad.

¿Te falta disciplina? Perfecto, no importa.  Porque lo que necesitas para ser libre, es devoción.